Esa tarde el parque estaba lleno de vida. Niños jugando, gente sentada escuchando, y hasta alguien que iba corriendo se detuvo un momento para decirnos algo bonito antes de irse. Leonardo predicó sobre el tiempo, sobre lo que sembramos y sobre a dónde va nuestro corazón cuando nadie lo está viendo.
24 de septiembre de 2026
Estuvimos Leonardo, Jaime, Jesús y Marco. Al empezar el servicio, Jaime hizo una oración, poniendo en las manos de Dios ese tiempo y pidiendo que Él guiara todo lo que se hiciera. También Jaime leyó Proverbios 18 para comenzar.
Palabra de Dios
Proverbios 18
Enseña sobre la sabiduría, el poder de las palabras, las relaciones humanas y la prudencia
Antes de empezar, platicamos sobre el crecimiento de este ministerio, de cómo ese crecimiento viene de Dios y no de nosotros, y de la convicción que tenemos de seguir ahí semana tras semana. Después, Jesús fue quien escogió las canciones con las que empezamos la tarde.
¿En qué se nos va el tiempo?
Leonardo empezó preguntando en qué lugar tenemos a Dios en nuestra vida y qué tiempo realmente le dedicamos, comparado con el tiempo que decimos no tener pero que gastamos en cosas que no valen la pena. Invitó a reflexionar no en lo que deseamos, sino en lo que ya tenemos, y en qué hemos hecho con ello. De ahí habló del orgullo y la soberbia, de cómo esos sentimientos no nos dejan avanzar y terminan enfermando el corazón.
Palabra de Dios
Proverbios 11:2
Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría
Leonardo contó algo que había visto esa misma mañana, cerca de ahí, sobre la calle Riverol: a un hombre lo habían matado afuera de un negocio. Habló de la tristeza de pensar en la familia de esa persona, y de cómo eso lo llevó a hablar de los dos caminos que menciona la Biblia, el camino al Padre y el camino contrario, y de hacia cuál de los dos estamos caminando cada día.
Palabra de Dios
Mateo 7:13-14
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Después habló de la parábola de los talentos, de cómo cada uno recibió algo distinto de parte de Dios y de cómo a cada quien se le va a pedir cuentas de lo que hizo con lo que se le confió, no de lo que le fue dado a alguien más. Preguntó directamente qué estamos sembrando en nuestros hijos y qué herencia les queremos dejar, recordando también, una vez más, la historia del hijo pródigo y de cómo el Padre siempre está esperando el regreso. Habló también de que no hay lugar donde podamos escondernos de Dios.
Palabra de Dios
Salmos 139:7-8
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
Cerró invitando a todos a abrir su corazón y su Biblia, recordando que hoy en día ya no hay pretexto para no leer la Palabra, y a poner sus vidas y a sus familias en las manos de Dios mientras todavía hay tiempo.
Vida en el parque
Mientras Leonardo predicaba, varias personas distintas se fueron sentando a escuchar, y a nuestro alrededor había muchos niños jugando. Se sentía un parque lleno de vida esa tarde. Justo antes de irnos, una mujer que iba trotando se detuvo un momento para felicitarnos por el servicio, y siguió su camino.
Esta experiencia forma parte del ministerio SeamosLUZ, un grupo de hermanos que busca compartir la Palabra de Dios y llevar un mensaje de amor, esperanza y fe a nuestra comunidad. Servimos como parte de la Iglesia Raíces, bajo la cobertura de nuestro pastor Héctor Bañaga.
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Lo que me dejó esta experiencia
A veces uno no sabe si lo que se predica en un parque realmente llega a alguien. Pero esa tarde, entre los niños jugando y la gente que se sentó a escuchar sin que nadie se lo pidiera, y hasta con una desconocida que se detuvo a mitad de su carrera para decirnos algo bueno, quedó claro que Dios estaba trabajando ahí, aunque no lo viéramos completo.
No siempre vamos a ver el fruto de lo que se siembra. Pero ese jueves, el parque estaba lleno de vida, y eso ya fue suficiente para irnos agradecidos.